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Que haya «flow» en el aula

En la práctica docente hay momentos en los que el alumnado está completamente absorbido por la tarea: participa, se concentra, el tiempo pasa sin notarse y el aprendizaje fluye con naturalidad. Este estado no es casual. Se describe desde la psicología educativa como flow, un concepto desarrollado por el psicólogo húngaro Mihály Csikszentmihalyi y especialmente relevante para el diseño didáctico.

El flow aparece cuando existe un equilibrio entre el nivel de habilidad del alumnado y el desafío que plantea la actividad. El gráfico anterior ilustra esta relación: cuando el reto es excesivo surge ansiedad; cuando es insuficiente aparece aburrimiento. El aprendizaje óptimo se sitúa en el punto intermedio.

El flow como herramienta para pensar la enseñanza

En didáctica, este concepto permite reformular una pregunta clave:

No basta con decidir qué enseñar; es necesario calibrar cómo de exigente debe ser la experiencia de aprendizaje.

Cuando diseñamos tareas:

  • un desafío excesivo genera bloqueo cognitivo;

  • una exigencia demasiado baja reduce implicación;

  • el equilibrio activa concentración y persistencia.

Esta idea dialoga directamente con la Zona de Desarrollo Próximo de Vygotsky, donde el aprendizaje se produce cuando la tarea es exigente pero alcanzable mediante apoyo.

¿Cómo se traduce esto en el aula de lenguas?
Situaciones que tienden a generar ansiedad
  • producción oral compleja sin preparación previa;

  • textos muy por encima del nivel léxico;

  • instrucciones ambiguas.

Situaciones que tienden al aburrimiento
  • repetición mecánica prolongada;

  • tareas cerradas sin toma de decisiones;

  • actividades alejadas del uso comunicativo.

Situaciones que favorecen flow
  • simulaciones comunicativas realistas;

  • resolución de problemas lingüísticos;

  • tareas con progresión de dificultad;

  • producción creativa con propósito.

La clave está en secuenciar y andamiar, no en simplificar excesivamente.

Relación con motivación y evaluación

El flow no es solo un fenómeno emocional; tiene consecuencias pedagógicas claras:

  • incrementa motivación intrínseca,

  • favorece atención sostenida, y

  • mejora persistencia ante dificultad.

Desde la evaluación formativa, diseñar tareas en esta zona permite observar desempeño auténtico en lugar de respuestas superficiales. Además, conecta con la formulación de objetivos claros (por ejemplo, mediante SMART), que ayudan a ajustar la dificultad.

Pensar la didáctica desde el flow implica pasar de diseñar actividades a diseñar experiencias. No se trata de eliminar la dificultad ni de mantener siempre al alumnado cómodo, sino de situarlo en un espacio donde el desafío estimule el compromiso.

En enseñanza de lenguas —y especialmente en contextos complejos como el aprendizaje del árabe— encontrar este equilibrio no es trivial, pero constituye una de las herramientas más potentes para sostener implicación y aprendizaje significativo.

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